Una tradición nueva (y peligrosamente sensata)
“¿Qué le compro a…?” ¿Te suena? Llega diciembre y tú entras en esa coreografía automática: nombres, listas, cenas, mensajes cruzados, el “a ver si ya lo tiene”, el “lo pido yo” y el “me llega mañana, qué alivio”. Vas tachando personas como quien cierra capítulos.
Hasta que te das cuenta de algo bastante revelador: tu nombre no aparece en tu (propia) lista. Tú misma te has dejado fuera con una naturalidad impecable.
Por eso, este año, te propongo una tradición nueva (y peligrosamente sensata): inclúyete en la lista.
Aquí nace el autorregalo. Un acto de buen gusto con efecto terapéutico. Un ritual con una regla de oro: no se negocia.
Te dejamos cinco (grandes) ideas para acertar contigo misma.