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- Los escalofríos en la menopausia son episodios de sensación intensa de frío, a menudo con temblores o piel de gallina, que pueden aparecer solos o después de un sofoco o sudor.
- Forman parte de las alteraciones en la regulación de la temperatura propias de esta etapa, pero también pueden confundirse con otros problemas de salud, por lo que conviene saber cuándo son esperables y cuándo hay que revisarlos.
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Los escalofríos pueden presentarse de varias formas:
- Sientes una ola de frío repentina, como si alguien hubiera bajado de golpe el termostato.
- Notas piel de gallina, temblores o necesidad urgente de abrigarte, incluso aunque la temperatura ambiente no haya cambiado.
- A veces aparecen después de un sofoco: primero un subidón de calor y sudor, y después una sensación intensa de frío cuando el cuerpo “se pasa de frenada” intentando enfriarse.
- Otras veces son episodios aislados de frío, sin sofoco previo, que duran unos minutos y luego se van.
- Pueden ocurrir de día o de noche; de noche, a veces te despiertan porque necesitas taparte más o cambiar de ropa si te has quedado mojada por el sudor.
Muchas mujeres los resumen así:
“Primero me aso, luego me hielo. Y todo en menos de cinco minutos.”
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Los escalofríos están muy relacionados con los sofocos y los sudores nocturnos: todos forman parte de los síntomas vasomotores, que tienen que ver con cómo tu cuerpo regula la temperatura.
En la perimenopausia y menopausia ocurre algo así:- Hormonas en montaña rusa
- Los niveles de estrógenos bajan y fluctúan.
- Esas variaciones afectan a una zona del cerebro llamada hipotálamo, que es tu “termostato interno”.
2. Termostato más sensible de la cuenta
- El hipotálamo se vuelve hipersensible: interpreta cambios pequeños de temperatura como si fueran enormes.
- Cuando cree que tienes demasiado calor, abre los vasos sanguíneos de la piel y activa el sudor: aparece el sofoco.
- Cuando esa respuesta es intensa, tu cuerpo puede perder calor rápidamente y, justo después, entra en modo “tengo frío”: escalofríos, temblores, ganas de taparte.
3. “Fríos” sin sofoco previo
- En algunas mujeres, las mismas alteraciones de la regulación de la temperatura pueden manifestarse como episodios de frío y escalofríos más que como calor intenso.
- Siguen siendo parte de ese sistema termorregulador algo desajustado por los cambios hormonales.
Por eso no es raro que en algunos días
tengas un combo de: sofocos, sudores, escalofríos, sensación de calor y de
frío… todo mezclado.
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Dentro del contexto de la perimenopausia y la menopausia se considera esperable:
- Tener episodios de escalofríos sobre todo después de un sofoco o sudor intenso, cuando el cuerpo se enfría de golpe.
- Tener sensación de frío o de “no regular bien la temperatura” en momentos puntuales del día o de la noche.
- Notar que estos síntomas van y vienen: épocas con más olas de calor y frío, y otras más tranquilas.
Lo esperable es que: - Los escalofríos duren pocos minutos.
- No vengan acompañados de fiebre alta ni de malestar intenso sostenido.
- Mejoren al abrigarte un poco, cambiarte la ropa sudada o regular la temperatura del entorno.
“Esperable” no significa agradable ni que haya que aguantarse, pero sí que encaja con un patrón típico de regulación de temperatura alterada por la menopausia.
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Aunque los escalofríos puedan deberse a la menopausia, también pueden ser un signo de otras condiciones. Conviene hablar con una profesional si:
- Los escalofríos se acompañan de fiebre (temperatura elevada), tos persistente, dolor al respirar, malestar general intenso o cualquier otro síntoma que te haga pensar en una infección.
- Tienes escalofríos frecuentes e intensos pero prácticamente no tienes sofocos ni otros síntomas típicos de menopausia.
- Pierdes peso sin proponértelo, tienes sudores nocturnos muy llamativos sin explicación clara, o notas ganglios inflamados u otros síntomas que te preocupan.
- Te sientes con frío extremo todo el tiempo, con caída de pelo, piel muy seca, estreñimiento y una fatiga marcada (podría haber problemas de tiroides u otras causas que merece la pena descartar).
- Te preocupa la intensidad o la duración del síntoma, aunque no se cumpla nada de lo anterior.
No es necesario esperar “a ver si se pasa solo” durante meses si algo no te cuadra. Tu sensación cuenta.
No todo pasa por medicación. Algunas estrategias sencillas pueden ayudarte a llevar mejor los escalofríos, sobre todo si se relacionan con sofocos:
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- Utiliza ropa en capas finas (camiseta ligera + jersey + chaqueta) para poder adaptarte rápido cuando pases de calor a frío.
- Elige tejidos transpirables que gestionen mejor el sudor (algodón, lino, tejidos técnicos) para no quedarte fría con la ropa húmeda.
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- De noche, combina ropa de cama en capas (sábana + manta ligera) para poder destaparte en un sofoco y volverte a tapar cuando llegue el escalofrío.
- Si te sudas mucho, valora tener un pijama de recambio accesible para poder cambiarte y no quedarte con la ropa mojada.
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- Evita cambios bruscos de temperatura cuando puedas (por ejemplo, salir a la calle muy destapada tras un sofoco en pleno invierno).
- Bebe agua a lo largo del día y, si tienes episodios de escalofríos, una bebida templada puede ayudarte a sentirte más cómoda.
- Algunas mujeres notan que el alcohol, el tabaco, las comidas muy picantes o muy calientes empeoran las olas de calor y, con ellas, los escalofríos posteriores.
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- El estrés y la ansiedad pueden intensificar tanto los sofocos como la sensación de escalofrío después.
- Técnicas de respiración, relajación, meditación o actividad física suave ayudan a que el sistema nervioso esté menos “disparado” y la regulación de la temperatura sea menos extrema.
Cuando los escalofríos forman parte de un conjunto de síntomas vasomotores intensos (sofocos, sudores nocturnos…), el tratamiento suele ir dirigido al problema de base: la alteración en la regulación de la temperatura por los cambios hormonales.
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En mujeres sin contraindicaciones, dentro del rango de edad y tiempo desde la menopausia recomendado, la terapia hormonal puede:
- Reducir la frecuencia e intensidad de sofocos y sudores nocturnos.
- Con ello, disminuir también esos cambios bruscos de temperatura que terminan en escalofríos.
La indicación, el tipo (estrógenos solos o combinados con progestágeno), la vía (parches, gel, comprimidos…) y la dosis se deciden de forma individual, según tu historia clínica y tus preferencias.
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Si no puedes o no quieres usar terapia hormonal, tu médica puede valorar otras opciones que han demostrado ayudar en los síntomas vasomotores:
- Algunos antidepresivos a dosis bajas (ciertos ISRS/IRSN).
- Gabapentina u otros fármacos en casos seleccionados.
- Otros medicamentos específicos para síntomas vasomotores, dependiendo de la disponibilidad en tu país.
Aunque solemos hablar de ellos para sofocos y sudores, al mejorar la estabilidad de la regulación de la temperatura también pueden ayudar a que los escalofríos asociados sean menos intensos o menos frecuentes. -
- Mejorar el sueño, el estado de ánimo, el nivel de estrés, la actividad física y la alimentación no “curará” por sí solo los escalofríos, pero sí puede reducir la intensidad con la que los vives y mejorar cómo te adaptas a ellos.
- A veces pequeños cambios sostenidos (dejar de fumar, reducir alcohol, moverte más, aprender técnicas de relajación) marcan más diferencia de la que parece sobre el papel.
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- La terapia psicológica puede ayudar a manejar el estrés, la sobrecarga, el perfeccionismo y los pensamientos que alimentan la sensación de “no doy más de mí”.
- En casos de ansiedad o depresión, puede combinarse con tratamiento farmacológico si el equipo sanitario lo ve indicado.
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- Encajar los escalofríos dentro del mapa completo de tus síntomas (sofocos, sudores nocturnos, cambios de ánimo, sueño, fatiga, etc.).
- Valorar si tus escalofríos encajan con un cuadro típico de menopausia o si es recomendable descartar otras causas (infecciones, problemas tiroideos, anemia, alteraciones hormonales adicionales…).
- Explicarte las distintas opciones terapéuticas (hormonales y no hormonales) y qué se sabe hoy de sus beneficios y riesgos.
- Diseñar contigo un plan realista que incluya cambios de hábitos, posibles tratamientos médicos y un seguimiento claro en el tiempo.
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- ¿Estos escalofríos que tengo encajan con la menopausia o crees que hay que buscar otras causas?
- ¿Necesito alguna analítica o prueba para descartar infecciones, problemas de tiroides, anemia u otras enfermedades
- Dado el conjunto de síntomas que tengo (sofocos, sudores nocturnos, escalofríos, sueño, ánimo…), ¿qué tipo de tratamiento te parece más adecuado empezar en mi caso?
- ¿La terapia hormonal podría ayudarme con estos cambios de temperatura? ¿Qué beneficios y riesgos tendría para mí concretamente?
- ¿Qué cambios de estilo de vida ves prioritarios para mejorar cómo me siento (sueño, alimentación, ejercicio, estrés)?
Llevar las preguntas anotadas te puede ayudar a salir de la consulta con menos incertidumbre y un plan más claro.