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- La falta de motivación en esta etapa se vive como apatía, desgana o sensación de “me da igual casi todo”, con dificultad para iniciar actividades o implicarse en proyectos que antes sí ilusionaban.
- Puede estar relacionada con cambios hormonales, alteraciones del sueño, fatiga crónica, estrés sostenido y, en muchos casos, con ansiedad o depresión que no siempre se reconocen a la primera.
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Más que un “no puedo”, suele ser un “no me sale”:
- Te cuesta arrancar el día más allá de las obligaciones básicas.
- Actividades que antes te gustaban (quedar con gente, hacer planes, hobbies) ahora te dan pereza o directamente no te apetecen.
- Sientes que estás en modo automático: cumples, respondes, pero sin ilusión ni impulso propio.
- Te ves procrastinando tareas sencillas durante días o semanas.
- Te cuesta fijarte objetivos o proyectos nuevos: todo parece demasiado esfuerzo.
- Puedes sentirte “vacía”, como si fuera difícil conectar con ganas, curiosidad o entusiasmo.
Y luego llega la capa de culpa:
“Con todo lo que tengo, debería estar agradecida y motivada… y no lo estoy.”
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No es un fallo de carácter. Es la suma de muchos factores:
1. Cambios hormonales y cerebro- Las fluctuaciones de estrógenos y progesterona influyen en sistemas del cerebro relacionados con el ánimo, la energía, la motivación y la recompensa.
- Al cambiar estos niveles, es frecuente notar menos “chispa”, menos impulso para iniciar cosas y más sensación de apatía.
2. Sueño y fatiga- Insomnio, despertares nocturnos, sofocos, sueño poco reparador…
- Si llevas meses durmiendo mal, es lógico que tu cuerpo entre en modo ahorro de energía: hay menos gasolina para todo, también para la motivación.
3. Carga mental y saturación- Trabajo, familia, casa, cuidado de otras personas, preocupaciones económicas, temas de salud…
- Cuando tu día está lleno de obligaciones y casi no hay espacio para ti, lo que aparece no es motivación, es agotamiento.
4. Cambios emocionales y vitales- La menopausia coincide muchas veces con cambios importantes: hijos que se van o se hacen mayores, padres que envejecen, cambios laborales, duelos, replanteamiento de identidad y proyecto de vida.
- Es normal que, en medio de todo eso, aparezcan preguntas del tipo “¿Y ahora qué?” y una fase de desorientación sin mucha motivación.
5. Ansiedad y depresión “camufladas”- En muchas mujeres, la falta de motivación es uno de los primeros signos de un cuadro depresivo o ansioso-depresivo:
o Menos ganas, menos interés, menos ilusión.
o Más cansancio mental, más necesidad de desconectar de todo. - A menudo se justifica como “estoy así por la edad / la etapa / el estrés”, pero si se mantiene en el tiempo merece una mirada más profunda.
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En el contexto de perimenopausia y menopausia puede ser esperable:
- Tener rachas de menor motivación coincidiendo con peor sueño, más sofocos, más estrés o momentos de cambio vital.
- Sentir que necesitas más tiempo o más esfuerzo para ponerte en marcha con ciertas tareas o planes.
- Notar que tu motivación ya no se dispara de la misma forma con las mismas cosas: tus intereses cambian.
Que sea esperable no significa que debas conformarte con vivir en “modo apagado”. Significa que tiene sentido, pero sigue siendo un síntoma a escuchar.
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Es importante pedir ayuda profesional (médica, psicológica) si:
- La falta de motivación se mantiene durante semanas o meses y afecta a tu trabajo, a tu vida familiar o a tu autocuidado básico.
- Además de desgana, notas otros signos de depresión:
o Tristeza persistente.
o Sensación de vacío o de no disfrutar de casi nada.
o Dificultad para levantarte de la cama o para cumplir con las tareas mínimas. - Tienes pensamientos frecuentes del tipo “no puedo más”, “mi vida no tiene sentido”, “soy una carga”.ç
- Has perdido interés incluso en cosas muy importantes para ti y tu entorno empieza a preocuparse.
- Se mezclan ansiedad intensa, ataques de pánico, irritabilidad extrema o cambios de humor muy marcados.
En estas situaciones no es “solo falta de ganas”: puede haber un problema de salud mental que conviene abordar cuanto antes.
No se trata de “ponerse las pilas” por fuerza de voluntad, pero sí hay pequeños pasos que pueden ayudarte a salir del modo bloqueo.
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- •En lugar de exigirte recuperar la motivación para todo, pregúntate:
o ¿Cuál es el mínimo razonable que necesito hacer hoy para estar cuidada y cumplir? - A veces son tres cosas:
o Cuidar tu higiene básica.
o Comer algo decente.
o Cumplir una tarea concreta importante (no diez).
Lo demás puede esperar.
- •En lugar de exigirte recuperar la motivación para todo, pregúntate:
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- Si una tarea parece imposible (“ordenar la casa”, “ponerme con este proyecto”), trocéala:
o Hoy solo el cajón.
o Hoy solo abrir el documento y escribir cinco líneas. - La motivación llega muchas veces después de empezar, no antes.
- Si una tarea parece imposible (“ordenar la casa”, “ponerme con este proyecto”), trocéala:
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- Piensa en pequeñas cosas que te sentaban bien antes (no tienen que ser grandes planes): música, un paseo corto, una serie, un café tranquila, un baño, un rato de lectura.
- Programa al menos una al día, incluso si al principio no te apetece tanto: es como mover una rueda que está muy parada.
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No para ser perfecta, sino porque la motivación se alimenta también de cómo está el cuerpo:
- Dormir un poco más y mejor cuando se pueda.
- Evitar pasar muchas horas sin comer o a base solo de azúcar.
- Mover el cuerpo aunque sea poco: caminar, estirarte, subir escaleras.
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- Contárselo a alguien de confianza puede ayudar a quitar peso y a dejar de verlo como “un fallo personal”.
- Puedes decir algo como: “No es que no quiera hacer cosas, es que no me salen las ganas. Estoy preocupada y necesito ayuda para entender qué me pasa”.
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- Contárselo a una amiga, a tu pareja o a alguien de tu entorno puede aliviar la sensación de “esto me pasa solo a mí”.
- Poner palabras ayuda a ordenar lo que sientes y, a veces, a pedir apoyo concreto: que te acompañen a una consulta, que te ayuden con algo que ahora te desborda, etc.
No son soluciones mágicas, pero pueden darte algo de espacio mientras buscas ayuda más estructurada.
El abordaje depende de la intensidad del síntoma, del tiempo que llevas así y de qué otros síntomas se suman (ansiedad, insomnio, sofocos, dolor, etc.).
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En consulta se puede:
- Revisar tus síntomas físicos: sueño, energía, sofocos, dolores, cambios de peso, otros problemas de salud.
- Explorar tus síntomas emocionales: ánimo, ansiedad, interés, ilusión, pensamientos negativos.
- Valorar si hay causas médicas añadidas: tiroides, anemia, déficit de vitaminas, efectos de medicamentos, etc.
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- Mejorar el sueño, la fatiga, los sofocos y el dolor suele traducirse en un poco más de energía disponible.
- A veces se plantea terapia hormonal para la menopausia (si procede) o tratamientos no hormonales para síntomas concretos.
- No solucionan todo, pero pueden sacar a tu cuerpo del modo “batería al 5 %” permanente.
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- Si la falta de motivación forma parte de un cuadro depresivo o ansioso-depresivo, tu médica puede valorar medicación específica.
- El objetivo no es obligarte a estar “contenta”, sino ayudarte a salir del pozo lo suficiente como para poder retomar hábitos y decisiones que te cuiden.
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La terapia psicológica puede ayudarte a:
- Entender qué se ha ido apagando (no solo por hormonas, también por historia, contexto, responsabilidades).
- Revisar creencias como “valgo por lo que hago/producto/rindo” que se llevan fatal con una etapa de poca energía.
- Redefinir proyectos, deseos y prioridades para esta etapa de tu vida.
- Recuperar una sensación de agencia: no todo, pero sí algo depende de ti.
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- Colocar la falta de motivación dentro del cuadro completo: sueño, sofocos, dolor, trabajo, familia, historia emocional.
- Distinguir entre “agotamiento lógico” y un posible trastorno del ánimo que necesita tratamiento.
- Explicarte opciones de abordaje combinadas:
o Cuidados básicos y cambios de hábitos asumibles.
o Tratamientos médicos (hormonales o no, para ánimo, sueño, sofocos) cuando estén indicados.
o Acompañamiento psicológico si es necesario. - Hacer seguimiento para ajustar según vayas respondiendo.
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- ¿La falta de motivación que tengo encaja más con la transición menopáusica, con un cuadro depresivo o con ambas cosas
- ¿Tiene sentido hacer analíticas para descartar cosas como tiroides, anemia o déficit de vitaminas?
- De todo lo que me pasa (sueño, sofocos, ánimo, motivación, fatiga), ¿qué te parece más prioritario abordar primero?
- ¿Crees que podría beneficiarme de terapia hormonal, medicación para el ánimo, psicoterapia… o de una combinación?
- ¿Cada cuánto tiempo revisaríamos el plan para ver si estoy mejorando o hay que ajustarlo?