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- La sequedad vaginal es la sensación de falta de lubricación, tirantez o quemazón en la vagina y la vulva, que puede aparecer en el día a día o durante las relaciones sexuales.
- Está directamente relacionada con la bajada de estrógenos en la perimenopausia y la menopausia, y puede afectar tanto al confort como al deseo, al placer y a la salud de la zona (infecciones, irritaciones, dolor).
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No todas las mujeres usan las mismas palabras, pero las descripciones se repiten mucho:
- Sensación de sequedad, tirantez o “papel de lija” en la vagina y/o la vulva.
- Picor, escozor o sensación de ardor, incluso sin relaciones sexuales.
- Molestia o dolor al roce con la ropa interior, el pantalón o al hacer deporte.
- Dolor o quemazón durante las relaciones sexuales (penetración, dedos, juguetes, etc.), que puede durar incluso después del encuentro.
- Sensación de “microcortes”, irritación o hinchazón tras el sexo o tras usar tampones.
- Mayor tendencia a irritarse con jabones, compresas, salvaslips o tejidos sintéticos.
- En algunas mujeres, más infecciones urinarias o sensación de quemazón al hacer pis.
A nivel emocional, también pesa: - Miedo a que el sexo duela y ganas de evitarlo.
- Vergüenza o dificultad para hablar del tema, incluso con la pareja o con profesionales.
- Sensación de “tener la zona apagada” o desconectada del placer.
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Aquí no hay misterio: son las hormonas.
1. Baja el estrógeno- Los estrógenos ayudan a mantener la mucosa vaginal gruesa, flexible y bien lubricada.
- Cuando bajan, la pared vaginal se hace más fina y más frágil, produce menos flujo y pierde elasticidad.
2. Cambios en el pH y en la microbiota vaginal
- Con menos estrógeno, el pH se vuelve menos ácido y cambia la flora protectora de la vagina.
- Esto puede favorecer irritaciones, molestias e infecciones (como cistitis de repetición).
3. Menos riego sanguíneo y menos colágeno
- La vulva y la vagina reciben menos aporte sanguíneo y se reduce el colágeno: los tejidos pueden volverse más secos, menos elásticos y más sensibles al roce.
Todo este conjunto se conoce hoy como síndrome genitourinario de la menopausia: no solo sequedad vaginal, sino un cambio global en cómo sienten muchas mujeres la zona genital y urinaria a partir de cierta edad.
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Dentro del contexto de perimenopausia y menopausia es esperable:
- Notar la vagina más seca en el día a día y necesitar más tiempo o más estimulación para lubricar.
- Tener más molestias con tampones, copas o penetración que años atrás.
- Sentir cierto escozor o incomodidad con compresas, salvaslips o ropa interior muy ajustada.
- Que, con el tiempo, si no se trata, la sequedad vaya a más, no a menos.
Que sea frecuente no significa que sea “lo normal y punto”. Significa que no estás sola, que no es un fallo tuyo y que hay formas de mejorarla.
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Es buena idea hablar con una profesional de la salud (ginecología, sexología, medicina de la mujer) si:
- La sequedad o el dolor hacen que evites las relaciones sexuales o cualquier tipo de roce en la zona.
- Tienes dolor intenso en la penetración o sensación de desgarro/microcortes de forma repetida.
- Notas sangrado después del sexo o después de exploraciones ginecológicas.
- Tienes picor, ardor o flujo cambiado que no mejora, o sospecha de infección.
- Sufres cistitis de repetición o quemazón al orinar desde que empezó la menopausia.
- Has probado lubricantes o hidratantes básicos y la molestia sigue siendo importante.
No es necesario “aguantar” hasta que sea insoportable. Cualquier síntoma que te moleste, te preocupe o limite tu vida es motivo suficiente para consultarlo.
Estas medidas no sustituyen un tratamiento médico cuando hace falta, pero pueden ayudar mucho al confort del día a día.
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- Lava la zona solo con agua o limpiadores suaves específicos para vulva, sin perfumes ni jabones fuertes.
- Evita las duchas vaginales internas: alteran la flora y empeoran la sequedad.
- Seca la zona con suavidad, sin frotar con fuerza.
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- Prefiere ropa interior de algodón, evitando tejidos sintéticos muy ajustados.
- Valora no usar salvaslips de forma continua; si los necesitas, que sean transpirables y sin perfumes.
- Para deporte, prueba distintas prendas hasta encontrar las que menos rocen y menos irriten.
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- Los hidratantes vaginales (diferentes de los lubricantes) se aplican de forma regular, no solo para el sexo.
- Pueden ayudar a mejorar la humedad y la elasticidad de la mucosa con el tiempo.
- Es importante usarlos tal y como indique el producto: frecuencia, cantidad, modo de aplicación.
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- Usa lubricante siempre que lo necesites, sin verlo como un fracaso ni como algo “solo para algunas mujeres”.
- Elige el tipo según tu situación:
o De base acuosa: ligeros y versátiles, pero pueden secarse antes.
o De base de silicona: duran más, ideales para penetración prolongada o zonas muy secas. - Evita, en la medida de lo posible, productos con perfumes muy fuertes, sabores artificiales intensos o ingredientes irritantes.
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- Explicar que hay un cambio físico real, no que “has perdido interés”, puede aliviar mucha tensión.
- Negociar ritmos, juegos, tipos de contacto y posturas que resulten más cómodas reduce el miedo al dolor y abre espacio al placer.
Cuando la sequedad y el dolor son importantes, los cambios de hábitos y los productos de farmacia sin receta pueden no ser suficientes. Existen tratamientos médicos específicos con buena evidencia.
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Son uno de los tratamientos más eficaces para la sequedad vaginal y el síndrome genitourinario de la menopausia:
- Se aplican directamente en la vagina (óvulos, comprimidos, cremas, anillos).
- Actúan sobre el tejido local, mejorando grosor, humedad, elasticidad y pH.
- La absorción al resto del cuerpo suele ser muy baja, por lo que, en muchas mujeres, se consideran seguros incluso cuando no se recomienda terapia hormonal sistémica.
Aun así, siempre deben ser indicados y revisados por una profesional que conozca tu historia clínica (antecedentes de cáncer hormonodependiente, trombosis, etc.).
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En función del país y las guías disponibles, pueden existir otras opciones (como algunos preparados con otras hormonas locales) que la especialista puede valorar si los estrógenos locales no son adecuados para ti.
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- Si, además de sequedad vaginal, tienes otros síntomas fuertes de menopausia (sofocos, sudores nocturnos, insomnio, cambios de ánimo), tu médica puede valorar terapia hormonal sistémica.
- Esta terapia no está pensada solo para la sequedad, pero puede mejorarla, especialmente en combinación con tratamiento local.
La decisión se toma siempre valorando beneficios, riesgos y tus preferencias.
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- Existen tratamientos no hormonales (hidratantes de larga duración, productos con ácido hialurónico, etc.) que algunas guías incluyen como alternativas o complementos.
- También se han popularizado tecnologías como láser o radiofrecuencia vaginal; su uso debe valorarse con cautela, con una profesional informada sobre la evidencia actual y la seguridad a medio-largo plazo.
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- Escuchar cómo vives tú la sequedad, el dolor y el impacto en tu vida sexual y en tu día a día.
- Explorar la vulva y la vagina para ver el estado real de los tejidos y descartar otras causas (infecciones, dermatosis, lesiones, etc.).
- Valorar si hay también síntomas urinarios (escozor al orinar, urgencia, pérdidas, infecciones de repetición).
- Explicarte con claridad las opciones de tratamiento que tienes, hormonales y no hormonales.
- Diseñar contigo un plan que combine productos de uso diario, posibles tratamientos médicos y cambios de hábitos, con un seguimiento para ver cómo mejoras.
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- ¿La sequedad y el dolor que tengo encajan con el síndrome genitourinario de la menopausia?
- ¿Hay algo en mi exploración que necesite estudio adicional (biopsia, prueba específica, etc.)?
- ¿En mi caso podría beneficiarme de estrógenos locales? ¿Qué preparación y qué pauta serían las más adecuadas para mí?
- Si tengo antecedentes de X (cáncer de mama, trombosis, etc.), ¿qué opciones de tratamiento ves más seguras?
- ¿Qué cambios de hábitos o productos ves prioritarios para mejorar mi confort en el día a día y en las relaciones sexuales?
Llevar estas preguntas escritas te puede ayudar a salir de la consulta con un plan concreto y sin esa sensación de “me he dejado algo importante sin preguntar”.