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NAD+: qué es, por qué está en todas partes y qué puede —y qué no puede— aportar

Hay conceptos que, de pronto, empiezan a aparecer en todas partes. En la conversación sobre longevidad, uno de los más repetidos ahora es el NAD+. Se menciona cuando se habla de energía, envejecimiento saludable, rendimiento y reparación celular. Y precisamente por eso merece la pena entender qué es, qué papel tiene de verdad en el cuerpo y por qué interesa tanto, sin convertirlo ni en milagro ni en humo.

Para aterrizar esta conversación, hablamos con especialistas de una firma pionera en precursores de NAD+, Solgar, y revisamos qué dice hoy la evidencia para traducir esta ciencia a un lenguaje real, sin caer en exageraciones.
QUÉ ES
Una coenzima presente en todas las células del cuerpo, es decir, una molécula que ayuda a que la maquinaria celular funcione.

QUÉ HACE
Participa en la producción de energía y en tareas de mantenimiento que ayudan a la célula a seguir en marcha y responder mejor al desgaste diario.

POR QUÉ INTERESA
Porque está en el centro de procesos clave para la función celular y porque sus niveles tienden a disminuir con la edad en distintos tejidos, algo que ha despertado un gran interés científico en su posible papel en el envejecimiento saludable.
No es un estimulante: es una pieza del lenguaje celular
Lo primero que hace es participar en la producción de energía. No en el sentido de “te da energía” como si fuera café, sino en algo bastante más básico: ayuda a que la célula convierta nutrientes en energía utilizable. Aquí encaja mejor hablar de eficiencia energética: de cómo la célula gestiona lo que recibe y lo transforma en algo que puede usar.

También participa en tareas de mantenimiento y reparación. Algunas enzimas dependen del NAD+ para intervenir en la respuesta al daño celular y en procesos de vigilancia que ayudan a que la maquinaria siga funcionando con cierto orden. No significa “resetear” el cuerpo, sino sostener mecanismos que ya existen.
Dicho de forma sencilla: ayuda a que la célula responda a lo que pasa a su alrededor y mantenga cierto equilibrio interno. Ahí entran funciones relacionadas con inflamación, respuesta al estrés y homeostasis, esa capacidad del organismo para mantenerse estable pese a los cambios.

Esa combinación —energía, mantenimiento y señalización— explica bastante bien por qué el NAD+ aparece tan a menudo en la conversación sobre envejecimiento. No porque sea magia, sino porque está en un punto muy central de la biología celular.
Cuando en esta categoría se habla de “regeneración”, muchas veces parece que se estuviera hablando de tejidos nuevos, reloj biológico marcha atrás o una especie de reinicio del cuerpo. Y no es eso.

En ciencia, el término suele referirse a procesos mucho más realistas y relevantes: mantenimiento, reparación y renovación celular, mecanismos que ayudan a preservar la función de los tejidos a lo largo del tiempo.

En ese contexto, el interés del NAD+ no está en prometer rejuvenecimiento, sino en apoyar procesos fisiológicos que ya existen y que son clave para la salud celular.
El cuerpo fabrica y recicla NAD+ de forma constante. Para hacerlo, necesita materia prima que obtiene, sobre todo, a través de la alimentación: compuestos relacionados con la vitamina B3 —como la niacina y la nicotinamida— y también triptófano, un aminoácido presente en muchos alimentos.
Pescado, aves, carne, legumbres, soja, frutos secos, semillas y algunos cereales enriquecidos aportan piezas de ese puzle. No existe una “dieta NAD+”, pero sí una forma de comer que le da al cuerpo lo que necesita para sostener estos procesos de manera natural.

Ahora bien, la base no depende solo de lo que comes. También importa el terreno sobre el que esa biología intenta funcionar.
Mejor aún si combinas fuerza y algo de trabajo aeróbico, porque cuando el músculo trabaja, el metabolismo funciona mejor, dormir razonablemente bien, y tener una rutina más o menos estable suma mucho más de lo que parece.

La prioridad debería ser siempre cubrir primero la base con nutrición y hábitos. Porque el cuerpo ya sabe trabajar con esta molécula y, cuando cuenta con suficiente materia prima y un contexto que acompaña, no hace falta empezar por un suplemento.

Ahora bien, una cosa es la teoría y otra la vida real. No todo el mundo come bien, no siempre se llega a todo y no todas las etapas vitales ponen las mismas cosas fáciles. Ahí es donde la suplementación puede tener sentido: no como sustituto de una buena alimentación, sino como apoyo cuando la base no es suficiente.
Cuando se habla de suplementos relacionados con NAD+, muchas veces no se está hablando de aportar NAD+ directamente, sino de darle al cuerpo compuestos que pueda usar para producirlo por sí mismo. A esas sustancias se les llama precursores.

El nombre suena más complicado de lo que es: un precursor es, simplemente, una molécula que el cuerpo puede transformar en otra. En este caso, en compuestos relacionados con la producción de NAD+.

Por eso en esta categoría aparecen nombres como NR, NMN, niacina o nicotinamida. No todos funcionan igual ni cuentan con el mismo nivel de evidencia, y entender esas diferencias es clave para tomar decisiones informadas.

En qué punto está la evidencia

La forma más honesta de contarlo sería esta: el NAD+ tiene base científica real y hay razones claras para que interese. También tiene sentido que se siga investigando. Pero una cosa es que sea interesante y otra muy distinta es convertirlo en una promesa cerrada.

NR, NMN, niacina y nicotinamida: en qué se diferencian

Te explicamos lo importante de la forma más clara posible:

Entonces, ¿cuál es el mejor?

La respuesta honesta es: no hay un “mejor” universal. Lo que sí puede decirse hoy es esto: si hablamos de estudios en humanos, NR lleva ventaja, y si es con patentes como Niagen®, mejor; si hablamos de expectación, NMN genera mucho interés; y si hablamos de formas más clásicas, niacina y nicotinamida también cuentan, pero juegan con perfiles distintos de tolerancia y uso.

La idea útil es esta: no compres por la que más suena, sino por entender qué forma lleva el producto, qué dosis aporta y qué nivel de estudios tiene detrás. Cómo leer un estudio de longevidad sin que te la cuelen

Mira siempre cinco cosas: a quién estudiaron, cuánto duró, qué dosis usaron, si midieron síntomas o solo biomarcadores, y si el resultado importa en la vida real.

Se lo preguntamos a Enrique Guirado, farmacéutico, nutricionista y experto en suplementación.

En resumen

El NAD+ no es una moda vacía ni una promesa milagrosa. Es una molécula central en la biología celular que la ciencia está explorando con cada vez más detalle.

Comprender su función, diferenciar bien los precursores y elegir con criterio permite situarlo en su lugar correcto: no como un atajo, sino como una vía interesante para acompañar la salud celular a lo largo del tiempo.



Referencias:
• Imai, S., & Guarente, L. (2014). NAD+ and sirtuins in aging and disease.
• Kane, A. E., et al. (2018). NAD+ metabolism and aging.
• Henderson, J. M., et al. (2024). NAD+ metabolic pathways.
• Damgaard, M. V., et al. (2023). Nicotinamide riboside in humans.
• Yoshino, J., et al. (2021). NMN and metabolic function.
• Wen, Y., et al. (2024). NMN clinical trials review.
• Zhang, H., et al. (2024). Meta-analysis NAD+ precursors.
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