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Nos dijeron que eran cosas de la edad. No lo eran.

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En el encuentro del 8M, la conversación sobre perimenopausia y menopausia dejó una idea incómoda, pero urgente: durante años se ha contado mal una etapa que afecta al corazón, al cerebro, al sueño, al músculo, al metabolismo, a la piel y a la sexualidad.

Durante años, muchas mujeres han llamado estrés, cansancio o mala suerte a lo que en realidad era otra cosa: una transición hormonal que ya había empezado. En el encuentro del 8M, la conversación sobre perimenopausia y menopausia dejó atrás el cliché de los sofocos para poner el foco donde casi nunca se pone: el corazón, el cerebro, el sueño, el músculo, la piel, la sexualidad o el metabolismo. No fue una lista de síntomas. Fue una enmienda al relato.

Porque el problema no es solo lo que pasa. Es lo tarde que se entiende. O lo tarde que se nombra. La idea más repetida de la jornada fue también una de las más útiles: no todo lo frecuente es normal, no todo se arregla aguantando y no todo empieza cuando desaparece la regla.

Empieza antes de que alguien le ponga nombre

Una de las primeras grietas en el discurso habitual la abrió la ginecóloga Bárbara Fernández del Bas. Si esta etapa se sigue definiendo como “12 meses sin menstruación”, muchas mujeres seguirán llegando tarde a la conversación. La perimenopausia no aparece de golpe ni siempre se presenta de forma evidente. A partir de los 40, explicó, muchas mujeres ya están ahí. Y antes, incluso desde los 35, pueden empezar cambios hormonales que todavía no se leen como tales.

Eso cambia por completo la forma de mirar lo que ocurre. Porque no siempre llega como nos lo contaron. A veces se parece menos a un sofoco y más a una pérdida de deseo, una fatiga persistente, peor recuperación, más irritabilidad, reglas más abundantes, sueño alterado o esa sensación difícil de explicar de que el cuerpo ya no responde igual. Fernández del Bas insistió además en algo que rara vez se cuenta bien: la testosterona no es una hormona ajena al cuerpo femenino. También forma parte de su salud, y está relacionada con la fuerza, la masa muscular y la libido.

El gran error no es el síntoma: es normalizarlo

Si una idea atravesó toda la jornada, fue esta: lo frecuente no siempre es aceptable. Muchas mujeres han aprendido a restar importancia a lo que sienten y a salir de consulta con un “es normal” que funciona como respuesta total. Ahí empieza buena parte del problema.

Porque una cosa es que esta transición traiga cambios y otra muy distinta asumir sin más el dolor, el insomnio, los sangrados abundantes, la tristeza sostenida, la sequedad o la niebla mental. Lo que se defendió en el encuentro fue una forma más exigente de escuchar el cuerpo: entender qué está diciendo, saber cuándo consultar y dejar de resignarse a una lectura plana de todo lo que ocurre.

No son solo sofocos: también es corazón

La cardióloga Leticia Fernández-Friera llevó la conversación a uno de los puntos más desatendidos de la salud femenina: el cardiovascular. Recordó que la enfermedad cardiovascular es la primera causa de mortalidad en mujeres y, aun así, sigue sin ocupar el lugar que debería en la percepción del riesgo.

El problema, resumió, es el desconocimiento. Si una mujer no cree que un infarto o un ictus también pueden ir con ella, difícilmente hará prevención o reconocerá señales de alarma. En esta etapa, explicó, aumentan factores como el colesterol, la tensión arterial o la redistribución de la grasa corporal. Y hay otro punto decisivo: los síntomas cardiovasculares en mujeres no siempre encajan con el patrón clásico que durante años se ha enseñado. Dolor mandibular, molestias intensas en la boca del estómago, decaimiento o malestar con el esfuerzo pueden quedar minimizados. Llegar tarde tiene coste.

En esa misma línea, el oncólogo Ricardo Cubedo recordó que hay señales que no admiten espera: sangrado después de haber dejado de menstruar, cambios llamativos en la mama, alteraciones intestinales persistentes o una sensación nueva de que cualquier esfuerzo obliga a parar.

El cuerpo cambia. La estrategia también

La endocrina Verónica Sánchez Rivas puso palabras a una experiencia muy extendida: seguir haciendo lo mismo y dejar de obtener el mismo resultado. La caída de estrógenos, explicó, reduce masa muscular y gasto energético, altera la saciedad y favorece antojos y cambios en la composición corporal. No es una cuestión de falta de voluntad. Cambian las reglas del juego.
La nutricionista Marta León aterrizó esa idea en un terreno práctico. No habló de dietas milagro, sino de estrategia: más proteína, más orden, menos improvisación y una mirada menos punitiva sobre la alimentación. También dejó uno de esos gestos pequeños que sobreviven mejor que los grandes propósitos: caminar diez minutos después de comer.

Cuando apareció la grasa abdominal, la conversación se volvió todavía más concreta. Sánchez Rivas recordó que el peso no siempre cuenta bien la película: se puede mantener la cifra de la báscula mientras se pierde músculo y se gana grasa. Por eso defendió mirar también el perímetro de cintura y no solo el número.

El cerebro también entra en la ecuación

Otro de los grandes aciertos del encuentro fue sacar del margen uno de los miedos más silenciosos de esta etapa: la sensación de perder foco, memoria o rendimiento. La neuróloga Sonia Tejada Solís planteó una idea tranquilizadora, pero nada complaciente. El cerebro envejece, sí, pero también depende de cómo estén funcionando el resto de sistemas. Corazón, metabolismo, hormonas, sueño, estrés: todo eso condiciona su rendimiento.

Recordó además que muchas estructuras cerebrales implicadas en memoria y aprendizaje tienen receptores de estrógenos. La niebla mental, así, deja de sonar anecdótica para convertirse en una señal más de transición. No todo cambio cognitivo es alarmante, pero tampoco todo merece quedarse escondido bajo la etiqueta de “será la edad”.

Dormir mal no es un peaje inevitable

El bloque de sueño fue probablemente uno de los más reconocibles para el público. La médico especialista en sueño, Elena Ameyugo explicó que estrógenos y progesterona participan de forma decisiva en la regulación de la vigilia y el descanso. Cuando ese equilibrio cambia, muchas mujeres sienten exactamente eso que tantas veces cuentan: que el cerebro no se apaga al acostarse. No es una metáfora. Tiene base biológica.

Su intervención sirvió también para desmontar otra simplificación: dormir bien no es solo acumular horas, sino dormir con calidad y continuidad. Y dejó una advertencia importante: no todo lo que parece insomnio lo es. En esta etapa aumenta la apnea del sueño en mujeres y, además, suele estar infradiagnosticada.
Jana Fernández afinó todavía más ese enfoque al recordar que el sueño no se construye una hora antes de acostarse, sino a lo largo de todo el día. Habló de luz natural, de rutinas, de bajar revoluciones y de un problema muy contemporáneo: convertir el descanso en otra exigencia más dentro de una lista interminable.
La entrenadora Noelia Rodríguez cerró ese triángulo con una idea decisiva: a partir de los 40, el gran pilar del ejercicio es la fuerza. No por estética, sino por funcionalidad, metabolismo, estabilidad y calidad de vida. Más músculo significa más capacidad. Y dormir mal empeora además la síntesis proteica y alimenta un círculo que termina afectándolo todo.

También cambian la sexualidad, la piel y el pelo

El médico y sexólogo Asier Bombín planteó la sexualidad no como algo que debería surgir sola o mantenerse intacta, sino como algo que también puede hablarse, trabajarse y reconfigurarse. El deseo no siempre desaparece. A veces cambia de ritmo, de contexto y de necesidades.
La piel y el pelo aparecieron en la jornada con el mismo enfoque que el resto del encuentro: menos ruido, más criterio. David Fernández Polo, de Paula’s Choice Iberia, abordó el impacto de esta etapa en la piel sin promesas vacías: menor producción de colágeno y elastina, barrera cutánea más frágil, cambios de textura, manchas o pérdida de firmeza. Su idea central fue tan simple como útil: comprar lo que se quiera, sí, pero con información y evidencia, no a golpe de marketing.
Ana Fernández llevó ese mismo criterio al cabello. Explicó cómo la caída de estrógenos modifica la calidad capilar, afina la fibra, vuelve el pelo más seco y acorta su fase de crecimiento. Y puso el acento en lo menos glamuroso, pero más eficaz: higiene del cuero cabelludo, constancia, prevención y consulta temprana si la caída se vuelve intensa o sostenida.

Ni demonizar la terapia hormonal ni comprar suplementos por ansiedad

En la recta final apareció uno de los asuntos más polarizados: la terapia hormonal. La Dra. Bárbara Fernández del Bas y el Dr. Ricardo Cubedo intentaron sacarla del miedo automático y del titular heredado. No la presentaron como solución universal, pero sí como una herramienta médica que no debería descartarse sin información ni criterio clínico.

Algo parecido ocurrió con los suplementos. Enrique Guirado puso orden en un terreno saturado de promesas al recordar una jerarquía básica que rara vez se respeta: primero la dieta, el sueño, la hidratación y los hábitos; después, si existe una necesidad real, se suplementa. Mejor pocos, bien elegidos y con evidencia, que muchos por inercia. Ana Fernández reforzó esa idea al hablar de calidad, biodisponibilidad y concentración efectiva.

Lo más importante no fue una receta. Fue cambiar el marco.

Quizá ese fue el verdadero valor del encuentro: dejar de contar esta etapa como una molestia femenina y empezar a entenderla como una cuestión de salud integral. Menos resignación, menos vergüenza y menos “te toca aguantar”. Más información, más criterio y más prevención.

Porque muchas veces el problema no es lo que el cuerpo dice. Es lo tarde que alguien decide escucharlo.

Gracias a quienes hicieron posible este encuentro

Nos asociamos con pocas marcas, y siempre por una razón: porque aportan valor real a la conversación y acompañan esta etapa con criterio, calidad y coherencia.

Un agradecimiento especial a Idorsia, por ayudar a visibilizar el insomnio crónico, todavía tan desconocido y, sin embargo, tan decisivo para la salud y la calidad de vida; a Solán de Cabras, por recordar la importancia de la mineralización del agua en un momento en el que el cuerpo necesita más atención que nunca; a Olistic, por poner el foco en que el pelo no es solo pelo y también se cuida desde dentro; a Movit, por defender una idea clave en esta etapa: la movilidad integral como suma de estabilidad, fuerza y flexibilidad; a Paula’s Choice, por su manera honesta y rigurosa de acompañar el cuidado de la piel; y a Delinas Catering, por demostrar que lo saludable también puede ser realmente apetecible.

Este encuentro tuvo lugar en el Centro de Arte Alcobendas, que promovió la iniciativa y nos confió su organización. Gracias por abrir espacio a una conversación tan necesaria.

Y gracias también a nuestros colaboradores, marcas que recomendamos por su calidad y afinidad con nuestra forma de entender el bienestar: Pompadour, Caldos Cooldo, Bijoux Indiscrets, Freshies, Finn Crisp, Komvida, Linwoods, Zumit, Sierra Ecofoods, Solgar y Paccari.

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