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Ojo seco en la menopausia: síntomas, causas hormonales y soluciones

Cuando hasta tus ojos se resecan 

¿Sientes los ojos irritados, con ardor o arenilla y antes no te pasaba? No estás sola. Muchas mujeres en esta etapa experimentan el síndrome del ojo seco, un síntoma común pero poco conocido y “hablado” de la menopausia.

De la mano de la Dra. Nerea Sáenz Madrazo, oftalmóloga especializada en córnea y superficie ocular, exploramos por qué ocurre, por qué algunas mujeres lo sufren más que otras y qué soluciones existen para devolver confort a tu vida.
La caída de estrógenos afecta a varias mucosas del cuerpo: muchas mujeres notan también sequedad vaginal, bucal o en la piel. Es un patrón común —y hormonal— que explica por qué, en esta etapa, zonas que antes se sentían “normales” ahora resultan tirantes, irritadas o incómodas.
La menopausia cambia muchas cosas en tu cuerpo, incluido cómo se hidratan tus ojos.

Cuando los estrógenos y otras hormonas empiezan a descender, las glándulas que producen la lágrima fabrican menos líquido, y las de los párpados generan menos “aceite”, esa capa que evita que la lágrima se evapore demasiado rápido.
Los ojos pierden parte de su protección y se secan antes de lo normal.

Como explica la Dra. Sáenz Madrazo, “el ojo seco es uno de los síntomas más frecuentes en la menopausia y suele pasar desapercibido, aunque tiene tratamiento. Ardor, picor, arenilla, sensibilidad a la luz… pueden hacer que leer, usar pantallas o conducir se vuelva muy incómodo”.

En pocas palabras: cuando las hormonas caen, tus ojos también lo notan.
¿Y qué pasa exactamente? 👀

La reducción de estas hormonas disminuye tanto la parte acuosa como la parte grasa de la lágrima. Con menos agua y menos lípidos, la lágrima dura menos y lubrica peor, y aparece esa sensación de arenilla, rojez o visión borrosa. La buena noticia es que, al conocer el origen hormonal del problema, podemos elegir soluciones que realmente alivian y protegen la superficie ocular.

Aunque el síndrome del ojo seco en la menopausia es muy frecuente, no todas las mujeres lo padecen con la misma intensidad. Estudios científicos señalan que hasta un 79% de las mujeres en la peri y menopausia experimentan síntomas de sequedad ocular, y cerca del 37-40% los sufre de forma severa.

Es decir, aproximadamente 1 de cada 5 mujeres casi no tendrá molestias apreciables, mientras que otras sí las notarán mucho. Cada cuerpo es un mundo: la edad y el momento de la menopausia influyen (mujeres de mayor edad tienden a más sequedad, mientras que una menopausia más tardía podría atenuar el síntoma).
Condiciones autoinmunes, como el síndrome de Sjögren, o enfermedades, como la rosácea pueden causar o agravar el ojo seco; también ciertas medicaciones (antihistamínicos, antidepresivos) y hábitos de vida.

Por ejemplo, pasar muchas horas frente a pantallas sin hacer pausas disminuye el parpadeo y agrava la sequedad; igualmente, vivir en ambientes secos o con aire acondicionado continuo, fumar o exponerse al viento frío puede empeorar los síntomas.
Si tus ojos están continuamente irritados, conviene buscar las causas y tratarlas

Algunas mujeres quizás tengan una reserva hormonal o genética que las protege más, o están usando terapias (como lágrimas artificiales tempranamente o incluso terapia hormonal de la menopausia) que mitigan el problema. Pero en general, sabiendo que el ojo seco afecta a la gran mayoría, ninguna debería sentirse "rara" por ello – más bien, informada y preparada para manejarlo.

Consejos para combatir y aliviar el ojo seco

Aquí te ofrecemos algunos consejos respaldados por especialistas para mantener tus ojos hidratados y cómodos:

Como recuerda la Dra. Sáenz Madrazo, “el ojo seco se diagnostica y se trata. No normalices molestias que tienen solución”.

Si, pese a tus cuidados, sigues con ardor, visión borrosa o sensación de lija, es momento de consultar con un especialista. Un examen completo permitirá descartar otras causas y confirmar si se trata de ojo seco. Con el tratamiento adecuado —lágrimas más específicas, medicación o pautas personalizadas— tu calidad de vida puede mejorar muchísimo.
Bibliografía:

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