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Muchas mujeres describen la menopausia como una etapa de “hinchazón” inesperada: se acumula grasa abdominal, aparecen molestias articulares y el cuerpo parece más “reactivo”.
Aumentan señales inflamatorias en el organismo y cambia la forma en que metabolizamos grasas y azúcares.
La buena noticia: la alimentación —junto a otros hábitos— puede amortiguar ese fuego de bajo grado y devolverte equilibrio.
¿Cómo? Te lo explicamos.
(y cómo ponerlos a trabajar)
La piperina de la pimienta puede aumentar de forma marcada la biodisponibilidad de la curcumina (dato clásico de farmacocinética humana). Añade una pizca de pimienta siempre que uses cúrcuma.
La curcumina es liposoluble; tomarla con comidas que contengan AOVE, aguacate, frutos secos o pescado azul favorece su absorción.
Si cocinas mucho el brócoli (se inactiva su mirosinasa), espolvorea mostaza en polvo al final para restaurar la formación de sulforafano; en humanos se ha visto un aumento relevante de su biodisponibilidad.
El licopeno se absorbe mejor cuando el tomate está cocinado y acompañado de grasa; ensayos con ensaladas y salsas muestran mayor captación de carotenoides con aderezos grasos de calidad.
Los fermentados mejoran marcadores de inflamación y la fibra vegetal ayuda a producir butirato y otros SCFA con acción antiinflamatoria; combinarlos a lo largo del día favorece al ecosistema intestinal.
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