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Vivimos en un mundo acelerado que a menudo hace que las prácticas más sencillas pasen
desapercibidas. Sin embargo, es precisamente en la simplicidad donde a veces encontramos los remedios más efectivos. Una de estas prácticas es el hábito de caminar después de comer, una actividad que, además de ser accesible y fácil de incorporar en nuestra rutina diaria, tiene beneficios significativos para
nuestra salud, especialmente en lo que respecta al índice glucémico.
Sí, has leído bien. Ese pequeño paseo que te vas a dar después de comer no es solo bueno para
bajar la comida. Resulta que es un arma muy efectiva para controlar el índice glucémico. ¿Cómo algo tan simple puede ser tan efectivo? Vamos por partes:
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Me parece una rutina muy sana en todos los sentidos: físico, mental y espiritual. Y además, accesible a casi todas las personas, sea cual sea su estado físico