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¿Te consideras una persona que cuida su alimentación? ¿Crees que esos yogures con sabor a fruta, o esa crema de verduras lista para tomar y que nunca caduca son opciones saludables? ¡Cuidado! Detrás de la atractiva apariencia de muchos productos que parecen "saludables" y que son de rápida y cómoda preparación, se esconde una realidad alarmante: muchos de estos productos que parecen y se venden como sanos y saludables son ultraprocesados disfrazados que pueden poner en riesgo tu salud, especialmente durante la menopausia, etapa en la que la alimentación juega un papel fundamental para mantener una buena salud. Por eso es tan importante estar informadas y saber lo que nos sienta bien y lo que no.
A grandes rasgos, podemos dividir los alimentos en tres grandes grupos: reales o naturales, buenos procesados y ultraprocesados. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS):
Los ultraprocesados son preparaciones industriales comestibles que están elaboradas a partir de sustancias derivadas de otros alimentos. Suelen tener listas interminables de ingredientes y entre ellos se encuentran materias primas muy refinadas: azúcares, harinas, grasas, sal, aditivos, edulcorantes, colorantes, emulsiones, potenciadores del sabor, etc.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), los productos ultraprocesados contienen ingredientes "nunca o rara vez utilizados en la cocina casera o industrial", o "clases de aditivos cuya función es hacer que el producto final sea agradable y placentero al paladar o más atractivo". A esto hay que añadir que también son productos adictivos, ya que contienen sustancias que liberan dopamina al ingerirlos, lo que hace que el cerebro cree un placer cuando los consume y que recurre a ellos cuando necesita ese "chute" de energía o dopamina.
Además, los procedimientos de preparación y elaboración que tienen esos productos son tan perjudiciales o incluso más que los ingredientes: fritura, refinación, hidrólisis de proteínas, hidrogenación, extrusión de harinas y cereales, etc.
Estos procesos eliminan nutrientes importantes como la fibra, el hierro y las vitaminas del grupo B. ¿Y por qué se hace de esta forma? Hay dos razones principales: en primer lugar, para que el producto final tenga una textura más suave y placentera al paladar por las sustancias que contiene, y, en segundo lugar, para prolongar la vida útil del producto resultante.
Es la principal epidemia del siglo XXI, con más de 650 millones de personas obesas en el mundo. El consumo excesivo de productos ultraprocesados, caracterizados por su alta densidad calórica y escasa capacidad para generar saciedad, es un factor clave en el incremento de la prevalencia de sobrepeso y obesidad. Estos productos al contener ingredientes que inducen dependencia, provocan un anhelo en los individuos por consumir más.
Investigaciones científicas han revelado que componentes como las grasas trans y los carbohidratos refinados pueden activar áreas del cerebro de manera comparable a sustancias como la nicotina o el alcohol. Dicha activación resulta en un incremento en los niveles de ciertos neurotransmisores relacionados con el sistema de recompensa cerebral, particularmente la dopamina, lo que conduce a una sensación inmediata de energía seguida de un marcado decaimiento. Este ciclo de consumo rápido y su asociación con gratificación instantánea puede intensificar la adicción a estos productos y, en consecuencia, aumentar el riesgo de obesidad.
Es la principal causa de muerte en el mundo, y está estrechamente ligada al consumo de grasas saturadas y azúcares, presentes en los ultraprocesados. Las grasas saturadas y trans elevan los niveles de colesterol perjudicial (popularmente conocido como el malo, el LDL) y pueden reducir el colesterol beneficiario (o bueno, el HDL), aumentando el riesgo de enfermedad coronaria.
El exceso de sal en la dieta puede elevar la presión arterial, un factor de riesgo importante para las enfermedades cardiovasculares.
La OMS relaciona el consumo de los ultraprocesados con el aumento de la diabetes tipo 2 y de determinados tipos de cáncer. Múltiples estudios realizados en diferentes países europeos y EE.UU, que han evaluado la relación que hay entre la ingesta elevada de ultraprocesados y el riesgo de diabetes tipo 2. Con ellos han concluido que una ingesta alta de ultraprocesados aumenta el riesgo de padecer diabetes tipo 2 entre un 30% y un 80%. Esto es debido a que muchos de estos productos tienen un alto índice glucémico, lo que lleva a picos de glucosa en sangre.
Podría estar influenciada por la dieta, según recientes estudios que sugieren una correlación entre el alto consumo de productos ultraprocesados y un incremento en el riesgo de padecer trastornos mentales, incluyendo la depresión y la ansiedad. Se plantea que esta relación puede deberse a altos niveles de azúcares y otros componentes en dichos productos, que potencialmente afectan la química cerebral. Un estudio publicado en "JAMA Network Open" en septiembre de 2020 realizado por investigadores de Harvard encontró que el riesgo de depresión incrementa con el consumo de productos ultraprocesados. Este estudio se basó en el análisis de la dieta de 31,712 mujeres de mediana edad durante el periodo 2003-2017, y los hallazgos indican que aquellas que se encontraban entre el grupo con mayor consumo (9 porciones diarias) tenían un 50% más de probabilidad de desarrollar depresión, comparado con un 26% en aquellas que consumían 4 o menos porciones al día.
Tenemos que resaltar que, aunque la mayoría de los estudios sobre los ultraprocesados son observacionales, es decir, que no están al 100% verificados y, por tanto, no pueden concluir causa y efecto, sí demuestran que el consumo de estos productos no ofrece resultados beneficiosos y sí una incidencia variable de consecuencias adversas para la salud, de ahí que sea importante moderar su ingesta.
Esta pregunta de por qué las autoridades sanitarias no prohíben los productos ultraprocesados involucra una serie de consideraciones económicas, políticas, legales y sociales. Hemos recopilado algunas de las razones clave por las que estos productos siguen siendo permitidos en el mercado a pesar de las preocupaciones sobre su impacto en la salud
Aunque existe una amplia evidencia sobre los efectos negativos de los productos ultraprocesados en la salud, los estudios a menudo se centran en correlaciones más que en causalidades directas. Esto puede hacer que sea difícil para los legisladores justificar prohibiciones o regulaciones muy estrictas basadas en evidencia actual. Además, la diversidad de productos dentro de la categoría de "ultraprocesados" significa que algunos pueden ser menos perjudiciales que otros, complicando aún más la creación de legislación específica y efectiva.
El marketing es uno de los aliados de estos ultraprocesados, ya que muchos de los consumidores se dejan llevar por los titulares o nombres de los productos y no leen a detalle qué están comprando. Por eso cada vez se empieza a regular más la utilización de palabras como integral, ecológico, bio, sano, saludable, etc. Por que esto puede llevar a confundir a los consumidores con demasiada facilidad. Por eso es importante saber leer las etiquetas.
La industria alimentaria es una parte significativa de la economía global, generando miles de millones en ingresos cada año y empleando a millones de personas. Prohibir los productos ultraprocesados podría tener un impacto económico negativo considerable, afectando no solo a las grandes corporaciones sino también a las pequeñas empresas y a los trabajadores.
En la mayoría de las sociedades, prevalece el valor de la libertad individual. El argumento es que los consumidores deberían tener el derecho de elegir lo que comen, independientemente de los posibles efectos negativos para la salud.
En lugar de prohibiciones directas, muchas autoridades de salud pública optan por enfoques que consideran más equilibrados, como educación nutricional, campañas de concienciación, y el etiquetado de alimentos, que pueden informar mejor a los consumidores sin restringir directamente la disponibilidad de productos.
Incluso si se decidiera implementar una prohibición, hacer cumplir tal regulación sería extremadamente difícil. Determinar qué productos deben ser retirados del mercado y monitorear efectivamente su cumplimiento sería un proceso complicado y costoso.
En algunas áreas, los productos ultraprocesados pueden ser una de las pocas opciones alimenticias asequibles y accesibles. Prohibir estos productos sin proporcionar alternativas viables podría limitar aún más el acceso a alimentos necesarios.
Pero en España los patrones dietéticos han cambiado en los últimos veinticinco años. Este cambio dietético está afectando la adherencia a la dieta mediterránea, considerada una de las más saludables del mundo. Nuestros estilos de vida más globalizados; más alimentos consumidos fuera de casa y más comida preparada comprada han promovido un aumento en el consumo de productos ultraprocesados. La OMS ha indicado que mejorar los hábitos alimenticios podría salvar millones de vidas y reducir significativamente los gastos en salud pública.
Sin embargo, equilibrar estos ahorros potenciales con las realidades económicas y sociales actuales sigue siendo un desafío considerable para todos.
REFERENCIAS
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