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La menopausia no se vive solo entre sofocos y reglas que desaparecen. También trae sorpresas menos comentadas: como ese sudor que parece salir de la nada y un olor axilar que antes no estaba (o al menos no así). Y sí, pasa mucho más de lo que se cree.
Según la International Hyperhidrosis Society (IHS), hasta 7 de cada 10 mujeres dicen que sudan más —y huelen peor—
cuando llega esta etapa. No es de extrañar: hasta un 85% de las mujeres sufren sofocos, y esos sofocos suelen venir acompañados de sudoración extra y cambios en el olor corporal.
El sudor y el olor axilar en la menopausia no son un castigo divino ni una anécdota menor. Afectan a tu seguridad, a tu armario y a tus ganas de comerte el mundo.
Lo importante es saber que existen soluciones —reales y eficaces— y que consultar con un dermatólogo puede cambiar las reglas del juego. Nadie tiene por qué vivir escondiendo manchas en la camisa o temiendo levantar los brazos.
Opta por prendas de fibras naturales (algodón, lino) que permitan a la piel respirar, y cámbiate con frecuencia si sudas mucho.
Evita tejidos sintéticos ajustados, que atrapan la humedad y fomentan las bacterias.
Tu outfit puede ser tu aliado contra el olor.
Mantén las axilas depiladas o recortadas.
El vello axilar atrapa el sudor y el mal olor, dando más superficie para que las bacterias proliferen.
Sin pelo, el antitranspirante llega mejor a la
piel y las bacterias lo tienen más difícil.
Lo que comes también se refleja en tu aroma.
Las verduras y frutas frescas son tus amigas: una dieta rica en vegetales se asocia con un olor corporal más suave y menos “rancio”, además de favorecer bacterias más benévolas en la piel.
Por el contrario, consumir mucha carne
roja, comida rápida o fritos empeora el olor de las axilas y aumenta las bacterias causantes del mal olor.
Ojo con alimentos como ajo, cebolla o alcohol, que liberan compuestos que luego salen por el sudor y te hacen más intensa.
Bebe agua, aunque suene básico.
Mantenerte bien hidratada (unos 2 litros al día) diluye los compuestos del sudor para que huelan menos fuerte.
Además, agua, infusiones y frutas acuosas (pepino, sandía) ayudan a regular la temperatura y a “limpiar” olores.
El estrés es un disparador clásico de
sudores fríos y apocrinos.
Practica técnicas de relajación: meditación, respiraciones profundas, yoga. Lo que te funcione para calmar esos nervios.
Menos estrés = menos adrenalina = menos sudor inesperado.
Una higiene regular con jabones suaves (que respeten el pH y tu flora natural) es clave, pero además puedes exfoliar la piel de vez en cuando.
Al eliminar células muertas y bacterias acumuladas, disminuye el olor corporal.
También mantener la piel hidratada (con cremas sin perfume) ayuda a equilibrarla y puede frenar a las bacterias malolientes.
Ya existen desodorantes, sprays y jabones con prebióticos y probióticos pensados para mantener un microbioma cutáneo sano y reducir el mal olor. La idea es “sembrar” bacterias buenas que compitan con las que producen olor.
Los dermatólogos advierten que no son una varita mágica (las bacterias de estos productos no siempre sobreviven o se instalan mucho tiempo) pero es un enfoque novedoso que podrías probar si nada te funciona.
Los que llevan cloruro de aluminio o glicopirrolato funcionan muy bien cuando el sudor es leve.
Toxina botulínica tipo A.
Sí, se usa para mucho más que arrugas.
Se inyecta en la axila y bloquea la acción de las glándulas sudoríparas.
El resultado: menos sudor (y cero efectos secundarios relevantes) durante 4-6 meses.
Como la oxibutinina, que reduce la
producción de sudor en todo el cuerpo.
Se reservan para casos más generalizados, porque pueden tener efectos secundarios como boca seca o somnolencia.
Una tecnología de microondas que elimina
definitivamente las glándulas sudoríparas de la axila.
Se hace en 1 o 2 sesiones y adiós sudor para siempre.
Cirugía para los casos extremos de hiperhidrosis severa y generalizada.
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