Casi siempre empieza con algo pequeño: un roce que escuece, una lubricación que tarda o que no llega, un «hoy estoy cansada» que no es del todo verdad. Y, poco a poco, se instala una idea sin pedir permiso: quizá esto ya no es para mí.

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Sexo en menopausia, ¿es normal que duela? Frecuente, sí; normal no
Sequedad vaginal, dolor en las relaciones y menos deseo: por qué pasa, cómo afecta a la pareja y qué podemos hacer antes, durante y después, con el médico y sexólogo Asier Bombín.
12 MINRedactado por el equipo editorial de Womanhood con el Dr. Asier Bombín, médico de familia y sexólogo (máster en Sexología Médica y Terapia de Pareja), en colaboración con Nudd. Publicado el 24 de octubre de 2026.
Si te reconoces aquí, empecemos por dos verdades. La primera, que estamos lejos de ser la excepción: en el estudio español GENISSE, 7 de cada 10 mujeres en posmenopausia tenían síndrome genitourinario de la menopausia.1 La segunda, que no estamos rotas: el cuerpo ha cambiado las reglas del juego y nadie nos las explicó.
Lo que sentimos (y casi nunca decimos)
Para algunas es sequedad, una tirantez que aparece en la cama y también al caminar o al sentarnos. Para otras es dolor en la penetración (lo que en consulta llaman dispareunia), ardor al terminar o una urgencia por ir al baño que antes no estaba.16 Y hay quien no nota nada de esto, pero sí que la excitación tarda más, que el orgasmo es distinto o que las ganas ya no aparecen solas.
Después está lo que no sale en ningún prospecto: la vergüenza, la culpa con la pareja, la sensación de que el cuerpo ha dejado de respondernos. Y, por supuesto, también aparecen las excusas (en un estudio con 1.000 mujeres en posmenopausia con estos síntomas, el 37 % reconocía inventárselas para evitar el sexo2), como acostarnos más tarde, fingir que ya dormimos, esquivar un abrazo largo por si «lleva a algo»…
Nada de esto es exagerar ni «cosas de la edad». Lo resume el Dr. Asier Bombín, médico de familia y sexólogo: «El dolor durante las relaciones no debe normalizarse como una consecuencia inevitable de la menopausia».
Por qué pasa: ni todo son hormonas ni todo está en nuestra cabeza
Lo que pasa dentro
Los estrógenos son el servicio de mantenimiento de la vulva y la vagina: mantienen el tejido grueso, elástico, irrigado e hidratado. Cuando bajan, la mucosa adelgaza, llega menos sangre y la lubricación disminuye. Cambia también la microbiota vaginal, la comunidad de bacterias que nos protege: los lactobacilos, que mantienen la vagina ácida (con un pH de 3,8 a 4,5),3 pierden terreno y el pH sube por encima de 5.4 El resultado: más irritación, más infecciones y más cistitis.
Todo esto se llama síndrome genitourinario de la menopausia (SGM), porque afecta tanto a la vulva y la vagina como a la uretra y la vejiga.5 Puede empezar ya en la perimenopausia (los años previos a la última regla), afecta hasta al 84 % de las mujeres en posmenopausia y, a diferencia de los sofocos, no se va con el tiempo: de hecho, sin tratamiento, suele ir a más.4
Y cuando duele, el dolor se retroalimenta: anticipamos la molestia, el suelo pélvico se tensa, la excitación baja y, con ella, la lubricación, así que vuelve a doler. Es el llamado círculo de miedo-evitación: cuanto más lo aguantamos, más crece.6
Lo que pasa fuera
«No todo es culpa de las hormonas», insiste el Dr. Bombín, y el contexto pesa tanto como ellas: el estrés del trabajo, los hijos que todavía nos necesitan, los padres que empiezan a necesitarnos, el sueño que nos roban los sudores nocturnos y hace que al día siguiente vayamos arrastradas,7 pesa, incluso, esa sensación de mirarnos al espejo y no reconocernos.8
Y por supuesto también pesan los años de relación, sobre todo si en casa somos la agenda, la enfermera y la que se acuerda de todo: cuesta pasar de ahí a amante. De hecho, en dos estudios con más de 1.000 madres con pareja masculina, cuantas más tareas domésticas asumían, menos deseo sentían por él, en parte porque lo veían como a otro hijo.9
Con tanto ruido de fondo, lo raro sería que las ganas no se resintieran.
El deseo sexual no es un interruptor
Además, arrastramos lo que nos contaron: un guion fijo (ganas, preliminares, penetración y orgasmo) y la idea de que el cuerpo y la cabeza deben responder siempre igual, a los 25 y a los 55. Pues nada que ver: el deseo también puede ser responsivo: aparecer durante y no antes, cuando hay estímulos, intimidad y seguridad.10 Si ahora necesitamos más tiempo, no lo hemos perdido; solo ha cambiado su manera de llegar.
En un estudio con más de 31.000 mujeres, el 43 % refería algún problema sexual (sobre todo, poco deseo), pero solo el 12 % lo vivía con malestar.11 Y hay un detalle revelador: las mayores de 65 años eran las que más dificultades sexuales declaraban y las que menos las sufrían. La diferencia importa: para la medicina, la falta de deseo solo se considera un trastorno cuando causa malestar.11 Es decir, que tener menos ganas solo es un problema si a nosotras nos lo parece. Si estamos bien con menos sexo, no hay nada que arreglar ni que justificar; si lo echamos de menos, merece la pena consultarlo, porque el deseo también tiene tratamiento.

Si el cuerpo tiene explicación, ¿por qué nos cuesta tanto contarlo?
Lo que nadie nos enseñó (y todavía pesa)
A nuestra generación, la educación sexual le cupo en una frase: «Ten cuidado, no te vayas a quedar embarazada». Nadie nos habló del placer, ni de que el cuerpo cambiaría a partir de los 45, ni, desde luego, del clítoris.
En 1998, la uróloga Helen O’Connell demostró que los manuales de anatomía lo describían a medias, cuando no lo omitían: lo que vemos es solo la punta, y la mayor parte del órgano es interna.12,13 Sus más de 10.000 fibras nerviosas no se contaron hasta 2023.14 Traducido: el órgano de nuestro placer ha sido el gran desconocido de los libros… y de la cama. Y lo que no se conoce, difícilmente se pide.
De hecho, el sexo se nos ha contado siempre alrededor de la penetración. Es el coitocentrismo: la falsa idea de que el sexo «de verdad» es el coito y lo demás, preliminares. Los datos lo desmontan: en un estudio con 1.055 mujeres, solo el 18 % llegaba al orgasmo únicamente con la penetración.15 El problema no es nuestro cuerpo. Es el guion.

Cuando duele, también lo nota la pareja
Suele pasar así: evitamos el contacto, la otra persona lo vive como rechazo, piensa que ya no la deseamos y nadie dice nada. En la encuesta CLOSER, con mujeres de 55 a 65 años y sus parejas, el 58 % de ellas evitaba la intimidad por las molestias vaginales, y casi un tercio de las parejas había dejado de tener relaciones sexuales.17
Las consecuencias van más allá de la cama: menos abrazos, menos complicidad y una distancia que nadie ha elegido, porque lo que se ha perdido no es el cariño, sino la forma de acercarnos sin miedo a que duela. Por eso la salida empieza por ponerle nombre, fuera de la cama y sin prisas: lo que nos pasa tiene una causa física y un tratamiento, y no dice nada de cuánto deseamos a la otra persona. Como recuerda el Dr. Bombín, «expresar qué nos apetece, qué nos incomoda y qué necesitamos es fundamental».
Tres frases para abrir la conversación
- «No es que no te desee: es que ahora me duele, y quiero que lo resolvamos en equipo.»
- «Me gusta cuando vamos más despacio: dame tiempo.»
- «¿Y si esta noche solo nos acariciamos, sin pensar en la penetración?»
La buena noticia es que casi todo tiene solución, y empieza antes de llegar a la cama.
Qué podemos hacer: antes, durante y después
Antes: preparar el terreno
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Pedir cita y contarlo con todas las letras
«No hay por qué resignarse», subraya el Dr. Bombín. En medicina de familia, ginecología o sexología médica, cuanto más concretas seamos (sequedad, dolor al inicio de la penetración o en profundidad, escozor al orinar), antes llegará la solución.
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Hidratar, no solo lubricar
El lubricante es para el momento; los hidratantes vaginales se aplican dos o tres veces por semana, haya o no relaciones, y mejoran la sequedad de base.4
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Valorar el tratamiento local
Los estrógenos vaginales a dosis bajas devuelven grosor y elasticidad al tejido, y lo que pasa a la sangre es mínimo; se notan en pocas semanas, con el máximo efecto hacia la semana 12. Si hemos tenido cáncer de mama, se decide con oncología, y si no son una opción, hay alternativas con receta, como la prasterona (un óvulo con DHEA, una hormona precursora) o el ospemifeno (un comprimido que actúa sobre la mucosa vaginal).4
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Entrenar el suelo pélvico
Con el dolor, esa musculatura se pone en guardia y se tensa sin que nos demos cuenta. La fisioterapia enseña a relajarla y a recuperar el control, y es una de las herramientas que recogen las guías de menopausia para romper el círculo del dolor.4
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¿Y el láser vaginal?
Es una opción, aunque faltan estudios amplios que demuestren su evidencia, pero insistimos: que falte evidencia no significa que no funcione, de hecho es una tecnología prometedora.
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Suplementos, sí, pero bien dosificados
Hay ingredientes vegetales muy estudiados con resultados prometedores.18,19,20 Pero en los suplementos conviene leer bien la etiqueta:21 no solo lo que lleva, sino cuánto lleva cada cápsula, y por supuesto darle el tiempo que realmente necesita para que se note su efecto (no son un afrodisíaco de una noche) y, si tomamos medicación, consultarlo siempre antes.
Durante: sin prisa, sin guion y con lubricante
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Más tiempo y lubricante desde el principio
Con menos estrógenos, la lubricación natural tarda más en llegar, así que conviene darle tiempo y no escatimar con el lubricante: en la vulva y en la pareja o el juguete.25
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El clítoris, en el centro
Podemos estimularlo con la mano, la boca o un vibrador,22 porque la penetración es una opción del menú, no el plato obligatorio.
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Nosotras marcamos el ritmo
Encima o de lado controlamos la profundidad y la velocidad, y con ese control el cuerpo se relaja.
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Ampliar el menú
Juguetes, juegos, fantasías, lecturas o audios eróticos: todo lo que despierte la imaginación alimenta ese deseo responsivo que aparece por el camino.10 En el fondo, se trata de reeducarnos: descubrir qué nos gusta ahora.
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Si duele, se para
Cambiar de práctica o seguir con caricias siempre es una opción: el dolor no es el peaje del sexo.
Después: cuidarnos también cuenta
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Agua, y solo por fuera
La vagina se limpia sola, así que sobran las duchas vaginales, los perfumes y los jabones agresivos.23,24,27
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Calmar la piel
Si después queda escozor o tirantez, un cosmético de uso externo para la vulva, como los aceites ozonizados (aceites vegetales tratados con ozono), puede ayudar a hidratarla y a calmar esa sensación. Ojo: es para la piel de fuera; no se aplica dentro ni sustituye al lubricante.
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Constancia
El síndrome genitourinario de la menopausia (la sequedad, el escozor y el dolor de los que hablábamos) es crónico: si un tratamiento funciona y lo dejamos, los síntomas tienden a volver.4

Hallazgo Womanhood
Cómo elegir un lubricante en la menopausia (y el que nos ha convencido)
La base. Aquí manda cómo lo sentimos. Los de agua son los que más se parecen a nuestra propia lubricación: ligeros, compatibles con preservativos y con cualquier juguete, y se van solo con agua, sin frotar ni usar jabón en una piel ya sensible. Su única pega es que se absorben y se evaporan, así que a veces hay que reponerlos sobre la marcha. Los de silicona, en cambio, no se absorben: duran más, pero se quedan sobre la piel hasta que los lavamos, y para eso suele hacer falta jabón; además, no van con juguetes de silicona. Y los de aceite deterioran el látex del preservativo.3,4,25
La osmolalidad. Suena a química, pero es sencillo: mide lo «concentrado» que está el gel. Si está más concentrado que nuestros tejidos, les roba agua, igual que la sal hace que la lechuga suelte agua, y entonces, en vez de hidratar, reseca e irrita. La OMS pide no pasar de 1.200 mOsm/kg (lo ideal, unos 380), y aun así la mayoría de los lubricantes convencionales de base acuosa están entre 2.000 y 6.000.3,26
El pH y la etiqueta. La vagina es ácida a propósito: así sus bacterias protectoras viven a gusto y las infecciones lo tienen más difícil. Por eso conviene un lubricante con un pH parecido al suyo, en torno a 4,5, y sin glicerina (que dispara la osmolalidad), parabenos ni perfumes: la piel de la vulva es tan fina que los perfumes y algunos conservantes están entre los primeros causantes de irritación y alergia.3,26,27,28
Con esa lista salimos a buscar, y nuestro hallazgo se llama Nudd., una marca de cuidado íntimo que nos conquistó con una frase: «No creemos que el bienestar íntimo deba tratarse de luchar contra los cambios naturales de nuestro cuerpo». Su lubricante prebiótico a base de agua va justo en esa línea: sin glicerina, parabenos ni perfume, y con el pH y la osmolalidad equilibrados. Y encima hidrata, con ácido hialurónico y aloe vera, e incorpora Bioecolia®, un prebiótico (un ingrediente que alimenta a las bacterias beneficiosas) pensado para respetar la microbiota vaginal cuando más vulnerable está. Es de esos descubrimientos que dan ganas de contar a las amigas, y eso hacemos.
Eso sí: un lubricante alivia la fricción del momento, pero no trata la causa.
Cuándo consultar, sí o sí
- Sangrado después de las relaciones (en posmenopausia, siempre).
- Picor, escozor o infecciones de orina que se repiten.
- Manchas blancas, heridas o cambios en la piel de la vulva.
Ni el sexo de los 25 ni ningún otro guion
«El sexo no tiene fecha de caducidad, pero tampoco debería tener un único guion», dice el Dr. Bombín. Puede que nuestra sexualidad haya cambiado, que ahora necesite más tiempo, más lubricación o un mapa nuevo, y que el deseo aparezca menos que antes… o más. Todas esas versiones caben en una sexualidad sana, porque el objetivo nunca fue tener más sexo, sino vivir el que queremos, en pareja o a solas, sin dolor, sin imposiciones y sin vergüenza.
La pregunta no es cómo recuperar el sexo de los 25, sino cómo queremos que sea el de ahora. Y esa respuesta, por fin, es solo nuestra.
Tres curiosidades para la sobremesa
- «Vagina» viene del latín y significa «vaina», la funda de la espada: hasta el nombre se lo pusieron pensando en la penetración.29
- En las parejas de 57 a 85 años que ya no tienen relaciones, el motivo más citado es la salud de él, no las ganas de ella.30
- «Climaterio» viene del griego klimaktḗr, «escalón»: un peldaño más, no el final de la escalera.29
Preguntas frecuentes
¿Es normal que duela el sexo en menopausia?
Es frecuente, pero no hay que aguantarlo. En el estudio español GENISSE, 7 de cada 10 mujeres en posmenopausia tenían síndrome genitourinario de la menopausia, que causa sequedad y dolor y tiene tratamiento: hidratantes, lubricantes y, cuando está indicado, estrógenos vaginales a dosis bajas.
¿Qué lubricante es mejor en la menopausia?
Uno con un pH cercano a 4,5, una osmolalidad por debajo de 1.200 mOsm/kg (lo ideal, unos 380) y sin glicerina ni perfumes.26,28 Los de agua son compatibles con preservativos y juguetes y se retiran solo con agua; los de silicona duran más, pero se quedan sobre la piel y suelen necesitar jabón para retirarlos. Los de aceite deterioran el látex del preservativo.
¿Por qué cambia el deseo sexual en la menopausia?
Influyen los estrógenos, el sueño, el estrés, la carga de cuidados y de tareas de casa, algunos fármacos, la imagen corporal y la relación. Además, el deseo puede volverse más responsivo: aparece durante, no antes. Solo es un problema si genera malestar.
¿Sirven los suplementos para el deseo?
¿Son seguros los estrógenos vaginales?
A dosis bajas, lo que pasa a la sangre es mínimo y los niveles se mantienen en el rango de la posmenopausia. Si ha habido cáncer de mama, la decisión se toma con oncología.
Con la participación de
Referencias
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Este contenido es divulgativo y no sustituye el consejo de un profesional sanitario. Si hay sangrado después de las relaciones, o si el dolor o la sequedad persisten, consulta con tu médico de familia, tu ginecóloga o ginecólogo.
1 comentario

Excelente artículo. Debería ser de obligatoria entrega a todas las personas cuando iniciamos esta etapa y de obligatoria lectura para nosotras! Cuanta ciencia y cuanto mito u lldesconocimiento